Hábitos que se cuentan, no se marcan
Ocho vasos de agua, tres llamadas, veinte minutos. Ponle un objetivo al hábito y se convierte en una barra de progreso.
Ir al gimnasio es sí o no. Beber agua, no. Si «beber agua» es una casilla, la marcas con el primer vaso y ya está, que es justo lo contrario de lo que querías medir.
El objetivo
Al crear el hábito tienes el campo de objetivo: cuántas veces hay que completarlo para darlo por hecho.
Objetivo 1 es el hábito de toda la vida: una marca y listo.
Objetivo mayor que 1 lo convierte en un contador. Cada vez que sumas una, la barra avanza.
El hábito no se pone en verde hasta que llegas al número. Ahí está la gracia: te empuja a terminar en vez de conformarte con haber empezado.
Ejemplos que funcionan
Beber agua, objetivo 8. Un toque por vaso.
Llamadas de venta, objetivo 5. Es de los que más cambian un mes flojo.
Leer, objetivo 3, contando bloques de diez páginas.
Descansos de la silla, objetivo 4, si trabajas sentada y se te va la mañana de un tirón.
El objetivo se combina con la frecuencia que le pongas: todos los días, días concretos de la semana o días del mes. Te lo cuento en la vista «Hoy» en hábitos.
Pon el número que vas a cumplir
Si pones diez y haces seis, el hábito sale en rojo todos los días y acabas quitándolo. Empieza por un objetivo que ya casi cumples, déjalo un mes en verde y súbelo cuando esté asentado. La constancia se construye ganando, no fallando por poco.