Ordena los hábitos como los haces
Arrastra tus hábitos hasta dejarlos en el orden en que suceden tu día. La lista deja de ser una lista y pasa a ser un guion.
Tienes «estirar» arriba del todo, «revisar el correo» en medio y «apagar el móvil» entre las dos. Cada vez que abres la lista tienes que leerla entera para saber qué te toca ahora.
Una lista de hábitos desordenada se lee. Una ordenada por el orden de tu día se sigue, que no es lo mismo.
Se arrastran
A la izquierda de cada hábito tienes el asa para arrastrar. Lo coges, lo sueltas donde quieras y el orden se guarda solo. La próxima vez que entres estará como lo dejaste.
Ordénalos por cuándo, no por importancia
La tentación es poner arriba lo más importante. Funciona mejor lo cronológico: primero lo de la mañana, luego lo del bloque de trabajo, al final lo del cierre del día.
Así la lista te acompaña en vez de juzgarte. A las nueve de la mañana lo que ves es lo de las nueve, y lo de la noche está abajo, donde no molesta.
Engancha uno con otro
Los hábitos nuevos aguantan mejor si van pegados a uno que ya haces sin pensar. Si el café de la mañana es intocable, pon justo debajo el hábito nuevo: «después del café, cinco minutos de planificar el día». Colócalos seguidos en la lista y el orden hace la mitad del trabajo.
Nota
El orden es tuyo y no cambia según el día. Si un hábito no toca hoy, no aparece en la vista de hoy, pero cuando toque volverá a su sitio en la lista.
Sigue por aquí
La vista «Hoy» en hábitos, el resultado de tenerlos ordenados.
Focos diarios, la misma idea aplicada al trabajo.